El Coleccionista IX

Sí, tiernos infantes, con este chisme veíamos películas….

Yo tuve una novia. Bueno, he tenido varias, tampoco es algo sorprendente, pero voy a hablaros un poco de esta porque viene a cuento de todo esto que ando contando de mi frikismo. Susana, así se llama, aparte de que fue mi primera novia, ha sido la única a la que he conseguido “frikear” un poco. Porque sí, he conseguido que mi mujer se aprenda los nombres de todos o casi todos los superhéroes que aparecen en las pelis de Marvel, pero no es lo mismo. Es a la única a la que le presté comics asiduamente y además, sorprendentemente, se los leía y le gustaban. Recuerdo que mucho antes de que existieran libros dedicados a ordenar la cronología de los muchísimos comics de mutantes que existen yo ya hice una propia para que ella pudiera leer La Patrulla-X y Los Nuevos Mutantes en orden con todas las miniseries y especiales existían sobre ella. La principal consecuencia de todo esto es que hoy ella tiene un hijo que algunas veces la mira raro extrañado porque a su madre le gustan más los tebeos que a él (o eso me ha contado).

Pero no es de amores pasados de lo que os quería hablar. Quiero continuar con Star Trek. Resulta que esta chica se emancipó pronto. Bueno, pronto considerando la edad a la que en este país solemos emanciparnos y recuerdo que yo le ayudé a buscar su primer piso compartido. El destino quiso que acabara viviendo en casa de una chica bastante peculiar. Ya de por sí, su nombre era de lo mas rayante: Sagrario (pobrecita) y no se acababan ahí sus peculiaridades, no. Esta chica es la única persona de género femenino que ha hecho que yo no me sienta ridículo en una discoteca bailando. Si yo soy un pato danzando, ella parecía un ganso epiléptico. Desde el principio fuimos conscientes de que la convivencia con ella iba a ser de lo más variopinta. Recuerdo que cuando nos estaba enseñando el piso a Susana y a mí, al llegar a su habitación, fuimos testigos de que estaba llena de peluches. Y naturalmente, los dos sonreímos. Sagrario, nos devolvió la sonrisa y cogió un muñeco que no recuerdo que animal era, pero que era bastante grande y le dijo a Susana: “¿Te gusta? pues te lo vendo”. Susana, puso cara de no saber qué hacer, si decirle que no o callarse, así que la pobre, que lo único que quería era empezar con buen pie la convivencia con su recién encontrada compañera de piso, dijo: “Er…ah, bien, muchas gracias”. Yo pensé que ahí acabaría todo, pero no. Pensaba que todo se acabaría diluyendo y al final ni Susana se quedaría con el peluche, ni pagaría nada. Sin embargo, Sagrario tenía otros planes y cuando estábamos a punto de salir por la puerta para ir a buscar las cosas de Susana le dijo que no se le olvidara que tenía que pagarle el puñetero peluche. Siempre pensé que esta tía era una oportunista. Se aprovechó de la necesidad nuestra de tener que caerle bien, para encasquetarnos el muñeco aquel, que vete tú a saber por qué demonios, a ella no debía gustarle demasiado.
Pero bueno, vayamos a la parte trekkie del relato. Resulta que la señorita Sagrario (no, no es el peor nombre de reminiscencia católica que he conocido en mi vida. Conocí a una chica que se llamaba Corpus Cristi…) no sólo era friki por parecer procedente de otro planeta, no, además era fan de Star Trek. Estaba enamorada de William Shatner joven que aparecía en la serie clásica interpretando al capitán Kirk. Resulta que esta muchacha  no era sevillana. Se vino aquí a trabajar, pero era ella originaria de Segovia si mal no recuerdo. Charlando con ella, me dijo que en su tierra, en casa de sus padres, tenía dos películas de Star Trek que había grabado de la tele. Star Trek III y Star Trek IV y me dijo que cuando fuera a visitar a sus padres me las traería. Imaginaos mi entusiasmo. En los últimos años yo había estado peregrinando por toda la ciudad buscando material trekkie en video clubs en formato VHS si tener demasiada suerte. Así que estaba encantado. Finalmente me trajo las pelis y me hice copias para mí, no sin cierta dificultad, porque tuve que trerme mi vídeo VHS, conectarlo al de Sagrario y rezar para que ella no se diera cuenta de que estaba utilizando su aparato para reproducir y rebobinar las cintas y eso era pecado porque . Tuve que hacerlo cuando ella no estaba allí, pero lo cierto es que las copias quedaron muy bien y yo era feliz. Afortunadamente para todos los trekkies españoles poco después se inventó el DVD.
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